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En Español


Caín, un combate volteriano

Segunda-feira, 30.11.09

La religión había sido ya abordada por el escritor en obras como Memorial del convento (novela, 1982), La segunda vida de Francisco de Asís (teatro, 1987), In Nomine Dei (teatro, 1993), Las siete palabras del hombre (texto para la obra de Haydn Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz) y en su polémico y bien conocido El Evangelio según Jesucristo, en el que humanizaba la figura de Jesús.

En Caín, el escritor encauza literariamente su vena antirreligiosa y su ateísmo militante de cara a combatir el yugo de las creencias. Lo hace recalando en un texto controvertido históricamente como pocos: la Biblia, fuente de interpretaciones variadas. Saramago encara su propia operación exegética reescribiendo una decena de episodios del Antiguo Testamento, extraídos, en particular de los libros del Génesis, Éxodo y Job, que, a su juicio, tienen como característica común la violencia extrema y el absurdo sobre el que se sustentan. Armado de su conocido espíritu crítico y de un sistema de ideas secularizadas y laicas se propone divertir y arrastrar al lector hacia la reflexión haciéndole frente a uno de los últimos grandes relatos supervivientes: la religión. Con Diderot, parece convenir que “el primer paso hacia la filosofía es la incredulidad”.

Impugnación del poder

Su punto de partida se sitúa en su tradicional resistencia a aceptar las verdades dadas y a gestionar la negación como estímulo para reconfigurar la realidad, teñida siempre de un riguroso fatalismo negativo en su concepción de la vida. En definitiva, se trata de impugnar el poder —divino y terrenal— y de situar al ser humano en el centro de su autonomía responsable. La confrontación con las diversas formas de irracionalidad y superstición adquieren particular relevancia en esa tarea de regeneraciones, por lo que no debe resultar extraño que el dogma de las creencias religiosas encuentre particular resonancia en ese ámbito.

Saramago parte de la convicción de que las religiones se configuran como instrumentos de poder que truncan dos de las aspiraciones centrales del hombre: la felicidad y la libertad, porque, en el marco de la fe, la felicidad se sustenta en la sumisión. Centrado ya en el cristianismo que concierne a la gran comarca cultural occidental, abre un diálogo disidente con los textos sagrados de la Biblia, considerada un “manual de malas costumbres”, “un catálogo de crueldad”, para releer divergentemente el relato mítico a la luz de la razón y de valores universales congruentes con la dignidad humana. La literatura, por su parte, tal y como la entiende el Premio Nobel de Literatura 1998, sería uno de los lugares de subversión del poder: “Benditos sean los que eligieron la sedición porque de ellos será el reino de la tierra”, responde irónicamente Caín en un momento de diatriba dialéctica en el que Dios le reprocha su comportamiento rebelde. La literatura asume la responsabilidad de meter el dedo en el ojo de la realidad, en su caso con sostenida lucidez, independencia y constancia: con grandeza. Frente a la hermenéutica canónica del teólogo, pone entonces en juego una lectura literal y cartesiana de las Escrituras, heterodoxa, en clave satírica, confrontando al misterio acrítico de la fe, la evidencia crítica de la razón. Resucita, por esta vía, un debate que ya Jonathan Swift abordó en su Cuento de una barrica [Tale of a tub] donde se empleó en demostrar la falsedad de la proposición “homo est animal rationale” —tan propia, por otro lado, del Saramago de Ensayo sobre la ceguera— reflejando las controversias que siguieron a la Reforma entre la alegorización propia de la interpretación católica de la Biblia y el literalismo de la protestante.

El interés manifestado en Caín es, no obstante, de otro signo. Por una parte, se propone descalificar la construcción de Dios a través del cuestionamiento de los relatos humanos que le han dado forma y, como consecuencia, de poner en tela de juicio la religión que lo ha conformado. Porque, según su criterio y agudizando la inversión, los hombres han creado a Dios a su imagen y semejanza y no al contrario: “Dios y el demonio no están en el cielo ni en el infierno, están en nuestra cabeza”. De ahí que sea “tan cruel, tan mala persona y vengativo”. Por otro lado, y como sentido último, debe subrayarse la defensa del libre albedrío humano que sustenta la escritura del relato.

El propósito humanista de reivindicación de la libertad del sujeto por encima de cualquier otra circunstancia ilumina la aportación literaria del novelista portugués. Caín se convierte en un símbolo de rebeldía contra un Dios inhumano y arbitrario, soberbio e iracundo, vengativo y violento, cruel y envidioso, malo y loco, del que se dice que “es capaz de todo, de lo bueno, de lo malo y de lo peor” (episodio de Abraham e Isaac); que “no soporta ver una persona feliz (relato de la Torre de Babel); que es “mentiroso” e “injusto” (Sodoma y Gomorra); y de quien, tras los acontecimientos desatados por la adoración del Becerro de Oro en el Monte Sinaí, se asegura su “maldad”. En tal contexto interpretativo, Satán no representaría sino un instrumento divino al que se reservan los trabajos sucios.

El protagonista del relato novelesco, Caín, testigo de diversos sucesos bíblicos en los que interviene Dios, se revuelve contra la irracionalidad de los comportamientos divinos injustos, pero asimismo contra la opresión provocada por su yugo. Juzga sus actos y se rebela aniquilando con la voluntad a su adversario, interfiriendo en sus designios y haciendo saltar por losaires su proyecto de promover una segunda humanidad ante el fracaso de su primera creación. Un verdadero descalabro, prueba, en definitiva, del propio fracaso divino, sin duda trasunto del arraigado pesimismo característico del pensamiento de Saramago: “la tierra está completamente corrompida y llena de violencia —pondrá el escritor en boca de Dios—, sólo encuentro en ella corrupción, pues todos sus habitantes han seguido caminos errados, la maldad de los hombres es grande, todos sus pensamientos y deseos se dirigen siempre y únicamente hacia el mal, me arrepiento de haber creado al hombre”. No extraña, así, que la obra concluya con “una negación total”, en palabras del autor a la prensa, coincidiendo con su propia visión personal de una humanidad que, a tenor de su comportamiento, no merece la vida: “Nuestra sincera opinión de ángeles, resumiendo, es que, considerando las pruebas dadas, los seres humanos no merecen la vida […] los seres humanos, viendo cómo se han comportado a lo largo de los tiempos conocidos, no merecen la vida con todo lo que, a pesar de sus lados negros, que son muchos, tiene de bello, de grande, de maravilloso”.

Contralectura del mito

Con su reconocida insolencia intelectual, en Caín Saramago se propone “contar lo oculto o lo que no se cuenta”. La actitud de iluminar los hiatos de la Historia o de mirar las cosas desde perspectivas inéditas, discordantes con la orientación hegemónica, radica en el fundamento de su personalidad y de su literatura. En esta ocasión, toma como argumento a un maldito, Caín, asesino de su hermano y condenado por Dios a la errancia, llevando en su frente una marca inculpatoria: “Andarás errante y perdido por el mundo”. A partir de este hecho bíblico, Saramago emprende una contralectura del mito, apoyado en una recreación literaria que lo reinterpreta y rellena las lagunas implícitas en el texto original. Pone a caminar al errante Caín, no sin antes dilucidar las bases de su relación con el Dios que le castiga y con las motivaciones y responsabilidades últimas de su crimen, que se resuelven de forma compartida entre ambos. En realidad, convertirá al malhechor de la tradición en una sensibilidad insurrecta, inteligente, humillada por Dios: “Veo en ti un hombre a quien el señor ofendió”, le comenta Lilith. El nomadeo del protagonista, a través de una temporalidad asentada en el original recurso literario de los “otros presentes”, fija el hilo conductor del ensartado de episodios bíblicos, una decena larga, que a modo de cuentas de rosario, se hilvanan para sustentar colegiadamente la tesis antirreligiosa del libro: Creación y expulsión del paraíso, Caín y Abel, Caín y Lilith, Isaac y Abraham, Torre de Babel, Sodoma y Gomorra, Moisés en el Sinaí-Adoración del Becerro de Oro, Lot y sus hijas, batalla de los israelitas y los madianitas, asedio a Jericó, prueba de Job y Arca de Noé.

Formalmente, se construye una narración que crece sobre el desplazamiento del protagonista y el ensartado de historias, como sucede en El Quijote o en Jacques el fatalista de Diderot, obra con la que Caín comparte afinidades: humor e ironía, articulación de los materiales literarios, combinación de narración y diálogos brillantes, sarcasmo, narrador digresivo y provocador, preocupación por el libre albedrío… La fórmula de los “presentes alternativos” u “otros presentes” —que pueden ser tanto futuros como pasados, y que, de algún modo, traen a la memoria los presentes del gramático francés Nicolas Beauzée—, sustituyendo a la diacronía convencional, se compadece bien con el carácter humorístico del libro y con su proyección ucrónica. Caín pasa de un lugar a otro y de un tiempo a otro instantáneamente, sin la mediación de la voluntad propia. Este recurso aparentemente casual e ingenioso, se adecua, sin embargo, a la concepción del tiempo que el Premio Nobel ha manejado desde sus comienzos de escritor, en la que insistió con particular énfasis en la década de los ochenta. Saramago entiende la temporalidad como una gran tela sincrónica en la que pasado y presente se acumulan: “Una idea mía, que expreso de manera nada científica, es que el tiempo no es una sucesión diacrónica en que un acontecimiento sucede después de otro. Lo que sucede se proyecta en una tela gigantesca en la que todo queda al lado de todo. Como si el hombre de Cromagnon estuviese colocado en esa tela al lado del David de Miguel Ángel. Para este autor, no hay pasado ni futuro. Lo que va a ocurrir ya está sucediendo. Para este autor, al escribir estos libros, las cosas suceden así” (1991).

Esa masa simultánea y amorfa de acontecimientos es jerarquizada a partir de la selección y secuenciación de los hechos, organizados en torno al sentido específico que la literatura les otorga, plenamente condicionado por el momento histórico al que el escritor pertenece: “Para mí todo lo que ha ocurrido está ocurriendo”. De ahí, la reivindicación que Saramago ha hecho siempre del Benedetto Croce que afirma que “toda la Historia es Historia contemporánea”.

El escritor realiza un recorrido mordaz e irreverente por distintos pasajes de la Biblia —a su juicio, “historias mal contadas”—, contraponiendo el bisturí del raciocinio a la subjetividad del mito, de tal modo que el balance final le dota de argumentos para concluir la irracionalidad de una religión que proclama a un Dios “que no es persona de la que uno pueda fiarse”, que “no oye” las súplicas de los pobres y desgraciados, esclavizando a los seres humanos. Sobre este contrafactum sustenta su descalificación de Dios y la consiguiente impugnación de la religión. Durante la promoción del libro en su país, se ha manifestado explícitamente en este sentido: “El problema no es un dios que no existe, sino la religión que lo proclama. Denuncio las religiones, todas las religiones por nocivas para la humanidad”. Convierte su libro en un acto literario de insurrección y en un crudo ataque a las creencias.

La selección de los aspectos más crueles y polémicos del Antiguo Testamento, dejando de lado la vertiente del Dios compasivo, subraya su voluntad más beligerante y militante. Abunda en ello, su interpretación de la figura de Caín, “el que odia a dios”, nacido para “ver lo inenarrable”, un “racionalista” —como le califica humorísticamente un ángel—. El personaje, a quien no se exime de culpa, se presenta, sin embargo, redimido de facto por su conducta, pues asume el papel de cuestionar a Dios haciéndole corresponsable de su crimen y de subrayar la irracionalidad o el desvío de sus acciones. Saramago le atribuye a Caín honestidad, “innato sentido moral de la existencia” y valentía por la “confrontación que viene manteniendo con dios”. En comparación con Dios —implícita siempre en el texto—, sale indudablemente mejor parado Caín, el protomalhechor bíblico, símbolo de la condena y la maldad en las Escrituras. Y esa ecuación dibuja, en buena medida, el talante de esta combativa nouvelle, conducida con una mano literaria a la que no le disgusta el tono de la farsa. Una obra que plantea la tesis de la liberación de la tiranía del mito divino —“estamos todos en manos de dios o del destino”, dice Caín, para desear en algún momento: “si alguna vez llego a ser dueño de mi propia persona…”—, además de una reflexión sobre el poder y la libertad en un escenario donde se representa la lucha estrepitosa entre el hombre y Dios, condenados a no entenderse: “La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con dios, ni él nos entiende a nosotros ni nosotros lo entendemos a él”, anota el narrador de la novela al final del sexto capítulo.

Ciclo de distopías: diagnóstico y crítica

Por otra parte, no sería difícil advertir suficientes rasgos de identidad del propio autor transferidos al protagonista literario, por momentos alter ego suyo. Y lo es no sólo en su estructura lógica deductiva, en su inclinación natural a la contestación, en su individualismo o en su manifiesto antagonismo y deseo de ajustar cuentas con Dios, sino en el sombrío pesimismo que ordena radicalmente su visión del mundo, conduciendo al nihilismo final del libro. La itinerancia de Caín por los distintos “presentes alternativos”, focalizada en dar fe de los horrores del pasado y del futuro, asienta su percepción negativa y su convicción de que el ser humano no tiene redención posible. Saramago en estado puro, dando forma extrema a una cosmogonía fatalista, degenerada y autodestructiva. Probablemente, esta vertiente sustantiva del relato es la que permite leer Caín como una gran distopía bíblica (una utopía negativa), que viene a completar las distopías social (Ensayo sobre la ceguera) y política (El año de 1993 y Ensayo sobre la lucidez) que el escritor había dibujado en obras anteriores, dedicadas a señalar y combatir el mal que advierte en el comportamiento humano. Se cierra así, de momento, un ambicioso dispositivo de reflexión literaria sobre la humanidad, radiografiada desde facetas complementarias, que cristaliza en un simbólico y completo retrato de conjunto: social, político y moral, en el que se combina el diagnóstico, la crítica y el estímulo implícito para reconsiderar la orientación de los actos y valores individuales y colectivos.

El humor, que marca el carácter de la obra desde la primera frase. constituye un instrumento fundamental en la deconstrucción del mito Dios que se practica en Caín y junto al empleo de un idioma que combina el registro culto con otro coloquial —aplicado a numerosas situaciones de naturaleza divina—, representan los artificios literarios más corrosivos puestos en juego para devaluar la solemnidad del relato religioso e invertirlo. Las fórmulas lingüísticas desjerarquizadas, basadas en la banalidad y el tono conversacional, desvisten de dignidad y grandeza al héroe y a sus gestas, lo arrastran al nivel terrenal y, en definitiva, lo igualan, en un proceso implícito de degradación, pues el mito es siempre una construcción del lenguaje. Saramago se desenvuelve magistralmente en el manejo de la lengua, hace brillar los diálogos, de una viveza, naturalidad idiomática y efectividad literaria extraordinaria, en el contexto de la cadencia barroca, zigzagueante y dilatada que corresponde a su prosa y al narrador robusto que aquí también aparece, gobernando a sus anchas el relato, viajando sin limitaciones desde el comienzo del creacionismo hasta el presente de su producción literaria.

La apelación al humor —que ya tuvo su lugar en El viaje del elefante—, su desenfadada y provocadora manufactura, contribuye a distanciar la ficción de la gravedad propia del discurso religioso, pero también a introducir rasgos de burla y sarcasmo, cargados de valor ideológico. “La risa mata el temor y sin temor no puede haber fe”, escribió Umberto Eco en El nombre de la rosa. Allí, Jorge de Burgos secuestra el Segundo libro de la Poética de Aristóteles, en el que supuestamente se hablaría por extenso de la comedia y la risa, el mismo que buscaba con denuedo el perspicaz franciscano Guillermo de Baskerville. La irreverencia de la risa erosiona el poder, que, por lo general, considera incompatibles autoridad y humor. Por eso, la risa trastoca la imagen de Dios. Justamente, lo que procura Saramago, en una operación asimétrica a los textos de las Escrituras, con el propósito de desmitificar o, si se prefiere, de equiparar lo divino con lo humano. La carga erótica de determinadas escenas, un aspecto desacostumbrado en la literatura del Nobel, abunda en esa intención deconstructiva ya apuntada. Pero también, probablemente, con esta opción, en la que se ven involucrados la “insaciable Lilith” y el inexperto Caín, el escritor se confronta a la voluntad de control y ocultamiento del cuerpo que atribuye a la Iglesia. Se trata de hermosas páginas que, por explícitas en un contexto bíblico, merecerán de algunos, sin duda, el juicio que la pieza de literatura libertina Cartas de la monja portuguesa (1669) —un best seller del siglo XVIII debido a la pluma del conde de Guilleragues y prohibido por la Inquisición en 1781—, provocó en el calificador inquisitorial que las informó para la censura antes de despejar su camino al índice de libros prohibidos: “Cartas de un amor torpe, lascivo, sacrílego; unas cartas que componen un arte complejo de amor más perjudicial que el de Ovidio, con expresiones no obscenas ni groseras, pero tan vivas, tan afectivas y tan patéticas en los sentimientos fogosos de la sensualidad, que son capaces de encender este pestilente fuego en los ánimos de más candor”.

Disentir, reconstruir, reconstruir

Saramago ha escrito el más volteriano de sus libros. Con el enciclopedista de Cándido o el optimismo, comparte el rechazo a la intolerancia, la tiranía y el dogma religioso, además de la inclinación a la heterodoxia del pensamiento y al combate intelectual pacífico. Antirreligiosos ambos, críticos racionalistas e irónicos disidentes y mordaces, conciben la literatura como instrumento de progreso social, si bien en el caso del Premio Nobel con cierto escepticismo, un filtro que le llevaría a distanciarse del Voltaire idealista desprovisto de cualquier cautela a la hora de declarar: “Jesucristo necesitó doce apóstoles para propagar el cristianismo. Yo voy a demostrar que basta uno sólo para destruirlo”. El ilustrado francés se empleó a fondo en la censura del cristianismo, burlándose de que basara su verdad en el valor histórico de las Escrituras, al tiempo que emprendió una concienzuda tarea crítica de la Biblia, cuyo estilo descalificaba por pueril e inverosímil. Una actitud compartida por otro gran enciclopedista integrado en la familia de espíritu del escritor portugués: el escéptico Diderot, encarcelado por “libertinaje intelectual”, en cuyo Promenade du sceptique (1747) se ocupó de dar buena cuenta de las extravagancias del catolicismo.

Disentir, deconstruir y reconstruir son las operaciones básicas implicadas en la operación intelectual y moral que Saramago pone en juego en su Caín, para sostener, en síntesis, la impugnación de Dios, concebido como una criatura nacida de la creatividad humana que sustrae la libertad del individuo y lo esclaviza a una superstición de la que es preciso liberarse. El descarnado ateísmo del escritor, siempre próximo a las ideas iluministas, se desnuda en un libro directo y militante, en la tradición de la buena literatura disidente del enciclopedismo, que, en última instancia, pone en evidencia el desvarío de la irracionalidad humana, dispuesta a crear entelequias a las que acaba por esclavizarse. Una obra, en fin, inserta plenamente en el canon saramaguiano, que, a buen seguro —ya ha sucedido en Portugal— desatará el malestar y las reacciones de quienes la lean como el arzobispo de Medellín, Manuel José Calcedo, leyó, en la década de los sesenta, el Viaje a pie del sacerdote discrepante Fernando González, hasta acabar prohibiéndolo, tal y como refiere Ernesto Cardenal en Las ínsulas extrañas, pues consideró entonces el arzobispo que aquel Viaje… atacaba “… los fundamentos de la religión y la moral con ideas evolucionistas, hace burlas sacrílegas de los dogmas de la fe y con sarcasmos volterianos ridiculiza las personas y las cosas santas”.

Para Saramago, Caín constituye un “ejercicio de libertad”, que plantea interrogaciones, sin hipocresías, y remueve las aguas pacíficas escribiendo contra la indiferencia. Y está, naturalmente, en su derecho de hacerlo, apoyándose en su cartesianismo narrativo habitual, en su ateísmo y en la saludable y provocadora duda sistemática que alimenta su creatividad y su conciencia moral: “Sí, ésa es mi postura, dudar de todo. Si hay algo en mis libros que pueda ser útil para el lector, no es justamente que él termine pensando como pienso yo, sino que logre poner en duda lo que yo digo. Lo mejor es que el lector pierda esa postura de respeto, de acatamiento a lo que está escrito. No hay verdades tan fuertes como para que no puedan ser puestas en duda. Tenemos que darnos cuenta de que nos están contando cuentos” (1994). Con incuestionable honestidad intelectual, ni oculta sus cartas ni engaña a nadie: está donde siempre estuvo, pensando que Dios es una “peregrina idea”, que, como el mundo, “está loco” y que somos “manipulados” desde que nacemos. Por más que no sea nuevo, no es poco hoy en día, en medio de tanto indolente orden y de tanta insípida buena conducta intelectual.

Fernando Gómez Aguilera es Escritor

“Caín, un combate volteriano”. Publicado en el suplemento cultural Pleamar, Canarias 7, Las Palmas de Gran Canaria, 25 de noviembre de 2009.

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publicado por Fundação Saramago às 12:22

Parabens, Maestro

Segunda-feira, 30.11.09

"Quiero dejar claro que este premio es para toda la literatura mexicana, que no sale mucho de nuestras fronteras". Así se ha expresado hoy José Emilio Pacheco tras conocer que había sido galardonado con el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas.

fjs

Pacheco considera el fallo del jurado "una irrealidad" que nunca aspiró a recibir, según ha dicho a EFE en declaraciones telefónicas desde Guadalajara (México), donde asiste a la Feria Internacional del Libro (FIL), El escritor ha insistido en que "no esperaba" recibir este premio, que considera el más importante de la lengua castellana.

El poeta, prosista y traductor, nacido en Ciudad de México en 1939, ha resaltado la generosidad del jurado por fijarse en su obra cuando "hay tantos buenos escritores". "No me puedo quejar", ha subrayado. Ha explicado que el premio le toca "muy hondo" y le afecta "muchísimo". Sobre los múltiples homenajes recibidos en 2009, al cumplir 70 años, el poeta afirmó que fueron "una gran sorpresa, como la de esta mañana", aunque reconoció que tanta celebración le causa "mucha fatiga" y que se cansa "de una manera terrible".

Ayer mismo, en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, frente a un grupo de periodistas que se lo pasaron en grande, Pacheco sacó a pasear su fina ironía: "Temo aburrirles, contarles siempre lo mismo. Así que si se empeñan en seguir haciéndome entrevistas, no tendré más remedio que inventarme otra biografía". Una periodista mexicana le preguntó: "Maestro, después de haber recibido el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, ¿cree usted que le pueden dar el Premio Cervantes?". Su respuesta fue: "Para nada. Aunque con el Reina Sofía eso se quebró de alguna manera, yo soy el eterno finalista. Y en Norteamérica eso de ser finalista es un prestigio. Los autores lo ponen hasta en la solapa de sus libros... Fue finalista de tal o cual premio. Pero aquí en México eso no es así. Aquí es un deshonor".

Una vida dedicada a la literatura

José Emilio Pacheco nació en Ciudad de México en junio de 1939. Además de poeta y prosista se ha consagrado también como traductor, trabajando como director y editor de colecciones bibliográficas y diversas publicaciones y suplementos culturales. Ha sido también docente universitario e investigador.

De su obra poética se destacan: Los elementos de la noche en 1963, El reposo del fuego en 1966, No me preguntes cómo pasa el tiempo en 1969, Irás y no volverás en 1973, Islas a la deriva en 1976, Desde entonces en 1980, Trabajos en el mar en 1983 y Como la lluvia.

Con motivo de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía este mismo año , dijo que se consideraba "un pesimista, al tiempo que vitalista", preocupado por la condición humana, que luego vuelca en su poesía, sus narraciones y sus ensayos. "Escribo sobre lo que veo -argumentó- y lo que veo no es para sentirse optimista. Ahora hay un nuevo matiz que no existía antes, una crueldad nueva", aseguró.

Al respecto se refirió a la violencia que se vive en México, que se ha recrudecido en los últimos años en una guerra que ya no respeta normas ni a las familias de los actores de la misma."Ahora aparecen los niños quemados vivos o un hombre decapitado al que le sacan los ojos, es monstruoso. Es de una impotencia terrible, yo creo que no soy pesimista, que con los seres humanos me quedé corto", dijo al respecto.

Aparte del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009), otros galardones que ha recibido son el Premio Nacional de Periodismo Literario (1980); Premio Nacional a la trayectoria ensayística Malcolm Lowry (1991); Premio Nacional de Lingüística y Literatura (1992); el Iberoamericano de Letras José Donoso (2001); Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2003).

El País, 30 de noviembre de 2009

 

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publicado por Fundação Saramago às 11:18

Greenpeace protesta em Lisboa

Segunda-feira, 30.11.09

Nove elementos da Greenpeace, dois portugueses, um italiano e seis espanhóis, escalaram a Torre de Belém, às 06:45h, e colocaram três faixas que dizem "O nosso clima, a vossa decisão".

Em declarações à Agência Lusa, o porta-voz da Greenpeace em Portugal, Luís Ferreirinho, disse que o objectivo da acção é "enviar uma mensagem aos chefes de Estado que estão reunidos na Cimeira Ibero-Americana, para que estes recordem a urgência no combate às alterações climáticas".

fjsLuís Ferreirinho sublinhou que a Greenpeace deseja que o tema "das alterações climáticas seja introduzido na cimeira de Lisboa "para que os países presentes cheguem a um acordo forte que possam levar a Copenhaga para se conseguir um acordo justo e juridicamente vinculativo".

O porta-voz da organização ecologista em Portugal adiantou ainda que os activistas escolheram a Torre de Belém por ser um "local emblemático da cidade de Lisboa e porque foi este o local escolhido para assinalar a abertura da Cimeira Ibero-Americana".

"Eles ontem, nós hoje", concluiu.

Os nove elementos da Greenpeace colocaram três faixas, uma virada para o Mosteiro de Jerónimos, outra para nascente do rio, para a Ponte 25 de Abril, e outra no topo da Torre de Belém, onde se pode ler (em inglês, espanhol e português) "O Nosso clima, a Vossa decisão".

Fonte: LUSA

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publicado por Fundação Saramago às 05:38

Exposição de Fernando Lemos em Famalicão

Domingo, 29.11.09

A pedido da Fundação Cupertino de Miranda o artista procurou nos seus arquivos e o resultado desse trabalho pode ser visto nesta exposição onde são exibidas uma série de fotografias inéditas.

Fernando Lemos nasce em Lisboa a 3 de Maio de 1926, frequenta a Escola António Arroio e a Sociedade Nacional de Belas-Artes.

Iniciada em Lisboa, a carreira artística de Fernando Lemos desenvolve-se, sobretudo, na área da pintura e do desenho. Tem hoje trabalhos expostos em museus e colecções particulares no Brasil, em Portugal, Espanha, Suíça, Polónia, França, Estados Unidos, Japão, Holanda, Argentina. Trabalhou, ou trabalha, também com tapeçaria, pastilha vidrada, vitrais, azulejos e esculturas em ferro; e ainda é fotógrafo e poeta.

Em pleno período Salazarista e depois da provocatória exposição surrealista do Chiado, em que participou, resolve emigrar para o Brasil, onde se junta ao grupo dos exilados, vindo posteriormente a ser proibido de reentrar em Portugal, uma situação que se manteve até a Revolução de Abril.

Nas suas próprias palavras descreve-se da seguinte forma: "Fui estudante, serralheiro, marceneiro, estofador, impressor de litografia, desenhador, publicitário, professor, pintor, fotógrafo, tocador de gaita, emigrante, exilado, director de museu, assessor de ministros, pesquisador, jornalista, poeta, júri de concursos, conselheiro de pinacotecas, comissário de eventos internacionais, designer de feiras industriais, cenógrafo, pai de filhos, bolseiro, e tenho duas pátrias, uma que me fez e outra que ajudo a fazer. Como se vê, sou mais um português à procura de coisa melhor".

A exposição pode ser vista na Fundação Cupertino de Miranda, em Famalicão, até ao dia 26 de Fevereiro de 2010.

fjs

Fernando Lemos, 1950

Entrevista de Fernando Lemos ao programa "Câmara Clara", na RTP2

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publicado por Fundação Saramago às 19:00

Memorial do Convento (cont.)

Sexta-feira, 27.11.09

Rússia:

Amphora

2002

Португальский писатель Жозе Сарамаго после блестящего писательского дебюта в 1947 году вдруг замолчал на десятилетия. Критики успели забыть о его существовании, причислив к жертвам салазаровской цензуры. Но после революции 1974 года Сарамаго публикует одно произведение за другим, каждый раз вызывая фурор в среде читающей публики.

Роман "Воспоминания о монастыре" переведен в 30 странах мира, он принес писателю мировую известность. В 1998 году Сарамаго был удостоен Нобелевской премии по литературе.

Eksmo

2008; 2010

"Воспоминания о монастыре" принято сравнивать с выпущенным в то же время "Именем розы" Умберто Эко; роман Сарамаго также был переведен на десятки языков и стал международным бестселлером, более того - именно за него в 1998 году Сарамаго получил Нобелевскую премию. На фоне средневековой Португалии разворачивается эпическая история любви Бальтазара Семь Солнц и Блимунды Семь Лун, "ибо давно сказано: где есть солнце, должна быть луна, потому что только гармоничное сочетание того и другого, именуемое любовью, делает нашу землю пригодной для обитания". Федерико Феллини говорил, что это один из самых интересных романов, которые ему приходилось читать, и планировал экранизацию "Воспоминаний..." - увы, несостоявшуюся. А в 1990 году по "Воспоминаниям..." в миланском театре "Ла Скала" была поставлена опера "Бальтазар и Блимунда".

Raduga (a publicar)

Sérvia:

Kolumbus 1997 (Trad.: Dejan Stankovic e Lúcia Tiago Stankovic)

Laguna

2013 (Trad.: Dejan Tiago Stanković)

Bio jednom jedan kralj koji je obećao da će podići manastir. Bio jednom jedan sveštenik koji je želeo da leti.

Sedam Sunaca i Sedam Luna je roman koji je proslavio Žozea Saramaga širom sveta. Poigravajući se istorijskim činjenicama i fikcijom, u stilu majstora magijskog realiz

Síria:

Al Mada Publishing  

Suécia:

W & W

1999 (Trad.: Marianne Eyre)

Taiwan:

Reading Times

2012

Turquia:

Kirmizikedi

2013 (Trad.: Işik Ergüden)

18. yüzyılda, savaşların ve salgın hastalıkların sarstığı Portekiz'de geçen Baltasar ile Blimunda'da, Nobel ödüllü yazar José Saramago, etkileyici bir aşkı anlatırken tarihsel gerçeklerle dokunmuş iki farklı hikâyeyi de romana ustalıkla katıyor: Bekledikleri veliahtın doğumunu kutlamak için manastır inşa ettiren kraliyet ailesi; insanın uçmasını sağlayacak ilk aleti, Passarola'yı yapmaya çalışan Peder Bartolomeu; ve iki âşık: sol kolunu savaşta kaybeden Baltasar ile sıradan insanların göremediklerini görebilen, annesi cadı diye engizisyon tarafından yakılan güzel Blimunda. İktidarın projesi olan Mafra Manastırı ile insan iradesinin projesi olan Passarola da romanın iki önemli kahramanı olarak öne çıkıyor. Deha ile çılgınlık arasındaki ince çizgiyi gösteren ve gerçek olayları büyülü bir anlatımın içinde yoğuran Baltasar ile Blimunda, zekâ ve heyecan dolu, unutulmaz bir başyapıt. José Saramago, ustalıklı kurgusu, yoğun ironisi ve karakterlerinin felsefi sorgulamalarıyla, okurlarına bir şölen hazırlamış. Işık Ergüden'in usta işi çevirisiyle.

Turkuvaz

2009 (Trad.: Işık Ergüden)

18. yüzyılda, savaşların ve salgın hastalıkların sarstığı Portekiz krallığında geçen Manastır Güncesi’nde, Nobel ödüllü yazar José Saramago, etkileyici bir aşkı anlatırken tarihsel gerçeklerle dokunmuş iki farklı hikâyeyi de romana ustalıkla katıyor. Bekledikleri veliaht doğduğu takdirde Mafra’da bir manastır inşa ettirme sözü veren Kraliyet ailesi; insanın uçmasını sağlayacak ilk aleti, Passarola’yı yapmaya çalışan Peder Bartolomeu Lourenço; ve iki âşık: sol kolunu savaşta kaybeden Baltasar ile gözleri sıradan insanların göremediği derinlikleri

Merkez 2007

Gendas

2000

18. yüzyıl Portekizi`nin gizemli dünyasında geçen bu romanda, savaşta sol elini kaybetmiş bir er olan Balthazar ile dünyada herkesten fazla şey görebilen Blimunda adlı bir kadının aşkı, dev bir manastır ile birlikte inşa edilir. Manastırı inşa ettiren Kral V. Dom Joao`nun hınzırlığına bile de kuşlardan yükseğe uçup Tanrı`ya ulaşmaya niyet etmiş bir rahibin, Padre Bartolomeu Lourenço`nun, günahkar ruhu eklenince işler iyice sarpa sarar. Rahip bu amacına ulaşmak için uçan bir aygıt icad eder. Rahibin icad ettiği bu aygıtın adı Passarola`dır. Passarola, Baltasar, Blimunda ve Padre Bartolomeu Lourenço`yu sonsuza dek dost kılacaktır. Yıldızları gökte tutanın insan iradesi olup olmadığını merak edenler Saramago`nun yanıtına kulak vermeli.

 

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publicado por Fundação Saramago às 11:25

El mundo de la cultura se solidariza com Aminetou Haidar

Sexta-feira, 27.11.09

“La activista de Derechos Humanos Saharaui, Aminetou Haidar, se encuentra en el aeropuerto de Lanzarote en huelga de hambre desde el domingo 15 de Noviembre de 2009, para exigir el regreso a su patria, el Sáhara Occidental, de la que fue expulsada ilegalmente por parte de las autoridades marroquíes.

El gobierno español, en complicidad con el gobierno marroquí, la admitió irregularmente en España. Aminetou exige al gobierno español que la devuelva al aeropuerto de El Aaiún, ciudad en la que siempre ha vivido y en la que residen sus dos hijos y exige el pleno respeto a sus actividades pacíficas en defensa de los Derechos Humanos.

La salud de Aminetou Haidar se está deteriorando rápidamente debido a la huelga de hambre. Cada día su situación se agrava. En estos momentos sólo se mantiene gracias a su increíble fortaleza moral y la certeza absoluta en la justicia de lo que defiende. Aminetou está dispuesta a resistir hasta que la devuelvan a su patria. Será responsabilidad del Gobierno de España si su salud, muy castigada tras su paso por las cárceles secretas marroquíes y las vejaciones y torturas a las que en ellas fue sometida, se resiente de modo irreversible.

Los abajo firmantes, pertenecientes al mundo de la cultura, por considerar justas las peticiones de Aminetou Haidar, pedimos al gobierno de España que tome inmediatamente las medidas que Aminetou solicita para volver a El Aaiún con sus hijos y su familia”.

fjs

Javier Bardem, Pedro Almodóvar, Willie Toledo, Alex de la Iglesia, Joaquín Sabina, Miguel Monzón Gran Wyoming, Mercedes Sampietro, Pilar Bardem, Miguel Ríos, Eduardo Noriega, Javier Fesser, Rosa Mª Sardá, Chus Gutiérrez, Juan Diego Botto, Lola Dueñas, Kiko Veneno, Macaco, Benito Zambrano, Javier Corcuera, Bebe, Fernando Tejero, Verónica Forqué, Natalia Dicenta, Alberto San Juan, Irene Visedo, Juan Aguirre (Amaral), Fran Perea, Ismael Serrano, Fernando Colomo, Carmen Paris, Santi Millán, Alberto Rodríguez, Carmen París, Pedro Guerra, Luis Pastor, Hugo Silva, Manuel Rufo, Eva Lootz, Rossy de Palma, Maria Valverde, Pere Joan Ventura, Miguel Ángel Silvestre, Sergio Peris Mencheta, Antoni Abad, Álvaro Longoria, Mariem Hassan, Carlos Bardem, Federico Guzmán, Lola García, Kira Miró, Antonio Dechent, Paca Gabaldón Serer, Emma Cohen, María Luisa San José, Victoria Peña Carulla, Lucía Álvarez, Marina Rossell, Alberto Comesaña, Pilar Ordoñez, Esther García, Emilio Gutiérrez Caba, José Luis García Pérez, Carlos Iglesias, Guillermo Galván (Vetusta Morla), Lola Marceli, Mar Regueras, Olga Román, Yoima Valdés, Olga Rodriguez, Edu Soto, Alberto Amarilla, Mercedes Lezcano, Belén López, Javier Coronas Aguilar, Covadonga R. Gamboa, Lola Navarro Blanco, Ramón Mayrata y 420 firmas más.

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publicado por Fundação Saramago às 06:38


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