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Uma casa moderna para Saramago

Segunda-feira, 26.03.12

O choque é imediato quando se entra pela porta da frente da Casa dos Bicos. Quem esperar uma sala forrada a tapeçarias, desengane-se. Aqui é-se recebido por uma enorme escadaria contemporânea. É ela o centro desta casa e o centro da obra de renovação. «Era a memória mais antiga da Casa dos Bicos», explica ao SOL o arquitecto Manuel Vicente, um dos responsáveis pelo projecto. «Havia várias passagens públicas na Muralha Fernandina. A escada era uma dessas passagens. É tão antiga que a Casa dos Bicos teve que se construir em seu redor».

De paredes cor-de-rosa e pretas, a Casa dos Bicos encheu-se de cor para receber Saramago. Com as obras de recuperação do espaço quase concluídas – depois de achados arqueológicos inesperados que as atrasaram mais de um ano – a Fundação Saramago (FS) já está instalada na frente ribeirinha, a desempacotar e a organizar o espólio do Nobel português. Pilar del Río, viúva do escritor e presidenta da FS, não arrisca avançar uma data para a abertura ao público, garantindo apenas que será nesta Primavera. Mas franqueou as portas da Casa dos Bicos ao SOL.

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publicado por Fundação Saramago às 11:32

“José Saramago está muerto, pero hay un libro nuevo”

Terça-feira, 03.01.12

Lo escribió en 1952 y “se perdió” en una editorial. No quiso publicarlo en vida.

José Saramago está muerto, pero hay un libro nuevo”, dice, por teléfono, desde la casa que compartieron en Lanzarote, Pilar del Río, la mujer, la viuda, la compañera y la traductora de José Saramago. Habla de Claraboya , una novela inédita que el Nobel portugués –que murió en junio de 2010– escribió en 1952 y que ella terminó de traducir el último día de 2011 para que esté en librerías, en castellano, en marzo.

Dentro de unas horas, Pilar del Río sale para Los Angeles, donde va a hacer fuerza para que José y Pilar –la deliciosa película sobre el amor entre ellos que filmó Miguel Gonçalves– sea seleccionada para los Oscar. Pero ahora, ya de noche en esa isla africana, Pilar del Río cuenta qué pasó con la novela y por qué la publica ahora.

“Es un libro que José entregó a una editorial. Esperó un mes, dos, tres, no le respondían. Estaba entre tímido y dolido, se sintió humillado, nunca más pensó en el libro. Hizo un silencio de 20 años. Veinte años en que no publicó nada. Mucho después, cuando ya había sacado otros libros, una mañana llaman por teléfono, atiendo yo, me preguntan por José, les paso y le dicen que en un cambio de instalaciones han encontrado un original traspapelado y que sería un honor editarlo.., ‘Ni hablar’ dijo él. Que se lo devolvieran”.

¿Saramago iba a publicar su libro en otra parte, ahora que era reconocido? No. “Tenía una relación mala con el libro, le daba dolor. Llegó el original y él lo dejó arriba de una mesa. Lo leí, lo llevé a encuadernar. Cuando se lo mostré me dijo: ‘Pilar, no merecía la pena...¿por qué has hecho esto?’” Si él no quiso, por qué lo publica ella ahora? “José sabía que el libro estaba bien”, dice Pilar. “Siempre dijo que no quería ver publicado ese libro en vida, ‘pero quien venga detrás de mí que haga lo que quiera’. Sé que José era consciente de lo que era este libro y era una forma de continuarse . José está muerto pero hay un libro nuevo”.

En 1952, cuando Saramago escribió Claraboya , Portugal, estaba bajo la dictadura de António de Oliveira Salazar, que duró entre 1926 y 1974. La novela, cuenta Del Río, se trata de la vida de seis familias de clase media baja portuguesa que viven en el mismo edificio, entre 1947 y 1948. “Es la Lisboa de Salazar. La claraboya sería la mirada desde arriba . Lo que se ve son las relaciones entre esas familias, donde hay de todo. Es decir, estaba escribiendo un mundo”.

Aunque subraya que es un libro más sencillo que los que siguieron –“bueno para iniciarse en Saramago”– Del Río piensa que ya aparecen allí los temas y las formas del escritor. Con comentarios sobre el poeta Fernando Pessoa, la presencia de mujeres fuertes, una escena violentísima de una violación, “malos tratos de una modernidad insufrible” y una escena de lesbianismo. “¿La dictadura iba a permitir esos temas?”, se pregunta Del Río, dejando caer una sospecha sobre la teoría del original traspapelado. “¿Iban a permitirlo? La familia queda mal parada, la agresión sexual, el lesbianismo normalizado… ¡lo único que no es normal es la familia!” La música, otro de los temas del portugués, tiene su lugar con “un concierto de Beethoven que atraviesa toda la obra”. Y lo personal aparece por acá: “Hay una escena en que una de las protagonistas ve una máscara de Beethoven que se querría comprar pero no puede. Y 40 años después, José la compró. La tenía en casa. Ahora he visto lo que significaba para él, terminé de traducir y corrí a buscarla”.

El libro ya salió en portugués y esto es raro: por años, José y Pilar trabajaron prácticamente al mismo tiempo: él terminaba una página en el primer piso (vista a un mar de un azul intenso), y ella la traducía en la planta baja de la casa blanca. Y discutían cada palabra. “He traducido este libro en su mesa, donde escribió los últimos libros”, dice Pilar, por teléfono. Todo el tiempo estaba oyendo la voz de José. Y por otra parte, estaba sintiendo la ausencia de José. Por eso me quedé traduciendo en la Nochevieja. Dije ‘voy a pasar las fiestas con José, él me está hablando’. Sin drama ¿eh?”

Fonte: Clarín

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publicado por Fundação Saramago às 12:25

"El poder religioso para Saramago era una obsesión"

Domingo, 27.11.11

La periodista Pilar del Río, esposa del escritor portugués muerto en 2010, reflexiona sobre las huellas y la memoria de quien vivió comprometido con el mundo y con el hombre a través de la literatura.

Por MARIO FIGUEROA

Neuquén > En la inmensidad del pensamiento ateo y existencialista del escritor portugués y Premio Nobel de Literatura en 1998 José Saramago, camina la soledad de su mujer, la periodista sevillana Pilar del Río, quien hizo un alto en sus tareas al frente de la Fundación Saramago para conversar con La Mañana de Neuquén.
Tratando de gritar a los cuatro vientos que la obra no está muerta, allí va Pilar del Río, respirando en esas treinta páginas que van a conformar el último libro "Alabardas, Alabardas, espingardas, espingardas".
A partir de "Historia del cerco de Lisboa", Saramago dedicó todos y cada uno de sus libros a esta mujer que le dio sentido a su vida. El documental "Pilar y José" del director Miguel Gonçalvez,  hizo posible un acercamiento inédito a la vida de uno de los escritores más lúcidos de las últimas décadas.
 
En alguna oportunidad ha dicho que conoció al escritor antes que a la persona y que ese encuentro como lectora la conmovió profundamente. ¿Cómo sintetizaría la obra de Saramago?
Es una obra inteligente escrita por un hombre inteligente y sensible que no deja indiferente a ningún lector. Acabar de leer un libro de Saramago es una experiencia extraordinaria, es como si se encendieran luces dentro de nosotros. Eso al menos es lo que me ocurrió a mí, y me sigue ocurriendo cada vez que lo releo.
 
De esa sencillez, de esa humildad que transmitía el escritor, se construía también una crítica feroz sobre todo al poder. Siempre pareció tener una gran preocupación por ciertos abusos de quienes tienen poder.
Siempre mantuvo una actitud crítica para con el poder, con todos los poderes, fueren ellos políticos, religiosos o económicos. Con el poder económico y con el que ejercen las religiones, todas las religiones, porque ese poder, aparentemente menos explícito, es el que hace y deshace en las conciencias, hace seres humanos libres o atemorizados con el castigo eterno. Hace fanáticos, hombres-bomba, ajusticiamientos. El poder religioso para Saramago era una obsesión. No las creencias que cada persona pueda tener sino el sistema que se organiza para que las personas piensen y sientan de una determinada manera.
Saramago fue una persona que tuvo posiciones políticas cambiantes, respecto de la política de Cuba, de Hugo Chávez, de Obama. ¿Esas eran libertades que podía darse por no tener ataduras con nadie, en términos políticos?
La vida es cambiante, por lo tanto todos cambiamos. Salvo en conceptos fundamentales: Saramago estuvo siempre frente a la pena de muerte. No la aceptó en Cuba, y lo dijo cuando hubo unos fusilamientos, como no la acepta en Estados Unidos. Con Chávez tuvo poca relación, pero fue franca y confiada: Chávez representaba a una mayoría de venezolanos, que se expresaron libremente en las urnas. Y Obama le gustaba, aunque veía que no estaba cumpliendo sus objetivos. Pero sabía que la realidad vista de cerca es dura. Saramago no era ni dogmático ni una piedra, estaba hecho de carne y hueso e inteligencia y sujeto, afortunadamente, a todas las contingencias de la carne, los huesos y la capacidad de pensar e introducir nuevos datos en el disco duro que es el cerebro.
  
Hablando de poder, justamente una lucha que desató con todas sus fuerzas fue contra Dios, o contra esa construcción llamada Dios. ¿Cuales eran los principios que regían la vida de Saramago en términos morales?
La honestidad. Libertad, fraternidad, igualdad, ese grito de la Revolución Francesa le parecía el mejor. Ir por la vida haciendo aquello que quieres recibir. Decía que tenemos derecho a la disidencia como lo tenemos a la herejía. Y que eso debería estar en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
 
¿Cuáles son los ejes centrales de la Fundación Saramago?
La Fundación trabaja como si la salud del mundo dependiera de lo que hace, aunque sepa que sus medios y sus posibilidades son limitados. Estamos para poner en evidencia contradicciones y déficit democráticos. Y para, como ciudadanos que somos, abundar en la idea de Saramago, expresada tan claramente en “Ensayo sobre la lucidez”, de que si los ciudadanos hacemos dejación de nuestras responsabilidades, otros actuarán por nosotros. Es decir, estamos para hacer valer los derechos considerados universales y también para decir que hay deberes junto a esos derechos. Nos movemos por los deberes que tenemos.
 
¿Cómo es su relación y de la Fundación Saramago con Portugal? Sabemos que José tuvo diferentes momentos y que incluso su propio país natal fue muy injusto con el reconocimiento.
Tuvo divergencias y desencuentros graves con gobiernos concretos, pero no con el país.
Portugal nunca, nunca, como país, como población, fue injusto con José Saramago. ¿Cómo sería posible eso, si era un autor leído, amado? Y la relación de la Fundación Saramago con la población y con las instituciones hoy por hoy es buena. Cada uno en su lugar, haciendo lo que tiene que hacer. No hay injerencias.
 
En el documental “José y Pilar”, estrenado hace algún tiempo, usted se muestra muy cerca de la obra de su marido. 
El trabajo del escritor es solitario, es personal e intransferible. Nunca un escritor aceptaría una sugerencia. Puede, sí, aceptar informaciones, datos que necesita, pero jamás ni yo me permitiría, ni él aceptaría, que se le insinuara que tal situación o personaje podría tener otro desarrollo. Jamás.
 
Algunos países latinoamericanos han avanzado en estos últimos  años con legislación a favor de los matrimonios igualitarios y la extensión de las licencias por maternidad. ¿Por qué cree usted que le cuesta tanto a los gobiernos avanzar sobre los derechos humanos?
No sé si a los gobiernos les cuesta o es a los ciudadanos, que viven instalados en la costumbre y no piden, no proponen, no ofrecen. Los gobiernos solos no son los que cambian las estructuras y los usos, somos nosotros los que podemos avanzar. Y luego gobiernos y parlamentos cumplirán su parte de elevar a rango de leyes lo que consideramos que es bueno para todos. Pero si los ciudadanos no se ocupan de hacer avanzar Estados de derecho ¿por qué van a hacerlo las instituciones? Si los gobiernos son conservadores es porque representan a sociedades conservadoras.
 
¿Qué escritores de habla hispana son deudores de la obra de Saramago?
Creo que cada escritor es él mismo. Y que todos están hechos de las palabras que han leído a lo largo de sus vidas, además de aquellas otras que ellos van escribiendo y los van formando.
 
Es admirable la coherencia de la vida y la obra de Saramago. De un pueblo chiquito de Portugal, Azinhaga, cerca del río Tajo, a ser uno de los escritores mas leídos del mundo, revolucionando la literatura universal. ¿Lo asustaba a José esa fama que le cayó encima?

La fama es un concepto que no suele ocuparle a los escritores. Que sí aman el prestigio… A Saramago no le asustaba nada, pero sentía que tenía una gran responsabilidad por ser tan leído y querido y no quería defraudar. Era un peso esa responsabilidad, además de un honor.
 
Los textos de José tienen el rasgo de hacer un uso muy especial de la sintaxis. Su escritura prescinde prácticamente de los signos de puntuación, ¿qué buscaba transmitir Saramago con esa forma de narrar?
Buscaba la oralidad y la música. Y que los lectores, al leer, no fueran pasivos, que ellos mismos pusieran la entonación a las palabras. Era una forma de complicidad, que creo que logró de forma magistral.
 
Saramago vino varias veces a la Argentina y en los últimos años participó como jurado de concursos literarios. ¿Qué imágenes, comentarios, hacía cuando venía a la Argentina? ¿Qué cosas le gustaban?, ¿cuáles le molestaban del país?
Le gustaba Argentina, aunque estuvo en pocos lugares que no fueran la ciudad de Buenos Aires o Rosario. Se quedó sin ir a la provincia de Córdoba, donde hay un gran grupo saramaguiano, sin visitar La Pampa, las Cataratas de Iguazú, tantos lugares que Saramago hubiera querido recorrer y para lo que faltó tiempo. Lo siento tanto por él.
 
A un año y medio de la muerte de José Saramago, ¿qué es lo que más extraña de la vida con él?
Presido la Fundación, trabajo todo el día en un proyecto que se llama Saramago, milito en Saramago. Siento la falta del esposo, y eso es una obviedad. Pero José Saramago, sus propuestas, su pensamiento, su obra literaria están tan vivas que parece que él aparecerá por una esquina en cualquier momento. Confío en eso, aunque sé que no aparecerá. Pero voy, como tanta gente, a visitarlo al olivo que está frente al Tajo, en Lisboa, donde reposan sus cenizas. Y ahí se está con él. Porque, como dice la frase que colocamos a modo de epitafio, y que es del final del libro “Memorial del convento”: “No subió a las estrellas porque a la tierra pertenecía”. Saramago está en la tierra, se siente.

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publicado por Fundação Saramago às 20:35

Pilar del Río no programa "Baseado numa história verídica" - CanalQ

Sábado, 28.05.11

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publicado por Fundação Saramago às 21:00

Casa de José Saramago em Lanzarote será uma “casa-museu vivida com cheiro a café português”

Sábado, 13.11.10

Casa de José Saramago em Lanzarote será uma “casa-museu vivida com cheiro a café português”
A viúva de José Saramago, a tradutora e jornalista espanhola Pilar del Río, não pára. Dá-nos uma lição sobre o que fazer quando a morte nos estraga a vida. Por Isabel Coutinho, em São Paulo (Público)

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publicado por Fundação Saramago às 23:21





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A Casa dos Bicos, edifício histórico do século XVI situado na Rua dos Bacalhoeiros, em Lisboa, é a sede da Fundação José Saramago.

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